Formación tecnológica, vacuna para la empleabilidad

Por Juan Riva de Aldama, CEO y fundador de Immune Technology Institute

Juan Riva Aldama IMMUNE 3,65 millones de desempleados; el 15,9% de la población española sin trabajo; 650.000 personas en ERTE; 10,8% de caída en el PIB: estos son los “otros” datos, los relacionados con la economía, y también derivados de la pandemia. El mismo virus. El otro drama. Ese drama que se traduce en colas del hambre, en familias completas sin poder llegar a final de mes; en incertidumbre, fragilidad, volatilidad y falta de horizonte para miles y miles de jóvenes (y no tan jóvenes) de nuestro país.

Prácticamente todo el tejido productivo de España se ha visto abocado a cambiar en forma o fondo su actividad. Otros, lamentablemente, a cerrarlo hasta nueva orden, como pueden ser la hostelería, el turismo o las aerolíneas. Muchos, intentando teletrabajar, montando su oficina en casa de la noche a la mañana; sin formación ni recursos. Sin haber realizado esa transición ordenada hacia la nube. Y los estudiantes, nuestro futuro, estudiando a través de un ordenador, tablet o incluso móvil; estudiando o tratando de seguir unas clases concebidas para ser impartidas presencialmente y volcadas a la nube. Como si fuera lo mismo. Y no. No es lo mismo.

La digitalización no ha sido un efecto colateral de la pandemia. Era una realidad que ya se predecía mucho antes. El Covid-19 la ha acelerado, cierto, pero no lo ha provocado. Y en España, una vez más, hemos llegado tarde. Sin recursos ni conocimientos.  Y hemos de ser muy conscientes de que la digitalización no fue ni es un período transitorio hasta el “fin” de la pandemia. La digitalización es la nueva normalidad a la que todos, desde el sector público hasta instituciones educativas, tenemos que adaptarnos si queremos revertir las escalofriantes cifras que hemos señalado en ese primer párrafo. No se trata de replicar el mismo modelo de negocio en la nube. Se trata de un cambio radical y disruptivo en el propósito y cultura corporativa, que tendrá que abrazar la tecnología. Habrá empleos que nunca volverán. Otros serán reemplazados por robots. Y otros serán de nueva creación. Pero no nos llevemos las manos a la cabeza ni demonicemos la tecnología. Hagamos también, a nivel individual, nuestra propia transición. De verdad, lo merece. Veamos los datos.

La vacuna tecnológica 

Es la otra cara de la moneda, que, por cierto, también ha convivido con el mismo virus, con la misma letalidad a nivel sanitario. Sin embargo, y a diferencia de lo que ha ocurrido con gran parte de nuestras compañías, las grandes tecnológicas han aumentado su facturación en porcentajes que superan los dos dígitos: Amazon: 38% de crecimiento. Apple: 10%. Alphabet: 13%. Microsoft: 18%. Facebook: 22%. ¿No son datos que nos invitan a reflexionar hacia dónde van las nuevas tendencias? ¿No son cifras que nos tienen que obligar a replantearnos en qué materias estamos formando a nuestros jóvenes? ¿Estamos realmente dando respuesta a la demanda laboral existente en España?

tecnología recurso ordenador móvilSegún un estudio de Adecco, ocho de cada diez directores de RRHH de nuestro país reconocen tener problemas a la hora de encontrar profesionales para su compañía. La Fundación Telefónica, por su parte, señala que sólo el 31% de los españoles tiene la cualificación suficiente para trabajar en un entorno digitalizado. Mientras tanto, la demanda de las profesiones relacionadas con la tecnología ha aumentado en un 29,5% en el último año (Business Insider) y el 45% de los empleos estarán relacionados con el entorno digital en este 2021.

Y, lo más importante, destacado y relevante: por cada empleo que se “destruye” como consecuencia de la digitalización, la “nueva economía” genera 2,4 puestos de trabajo.

Tal como demuestran los datos, tenemos una gran oportunidad que debemos aprovechar. No hay tiempo que perder. Los hechos nos demuestran que la digitalización no sólo no destruye empleos, sino que los genera. La tecnología puede ser la otra vacuna frente al drama del desempleo estructural que vive España desde hace décadas. Dejemos de satanizarla y etiquetarla como enemiga para abrazarla y verla como aliada tanto para nuestros jóvenes como profesionales en activo. Utilicemos los fondos europeos para formar a las personas que ya hoy están solicitando esos directores de RRHH; invirtamos en programas de reskilling y upskilling para profesionales que se encuentran en activo para que hagan esa transición natural en su trabajo.

Y, por último, dejemos de entender la tecnología como un sector aislado. La tecnología vertebra y vertebrará las sociedades del futuro. Será transversal a las ciencias y a las letras, al ocio y al negocio, a la vida profesional y a la personal. Dejemos de pensar en la tecnología como algo abstracto, complejo e indescifrable que se desarrolla en Silicon Valley para pensar en ella como la herramienta útil e imprescindible para nuestra cotidianeidad, accesible y comprensible que puede nacer en un pueblo remoto de España.

Estoy seguro de que detrás de los pupitres de nuestras aulas, detrás de esos profesionales que teletrabajan, hay verdadero talento eclipsado que brillará si le damos la vacuna; esa vacuna, llamada formación tecnológica.