La rápida obsolescencia de las competencias profesionales está redefiniendo las estrategias de desarrollo de talento en las organizaciones. Según el Future of Jobs Report 2025 del Foro Económico Mundial, el 40 % de las habilidades consideradas hoy esenciales dejarán de serlo antes de 2030, un escenario que sitúa a la formación corporativa como un elemento crítico para la competitividad empresarial.
En este contexto, la edtech española Odilo ha identificado las principales tendencias que configurarán el aprendizaje en la empresa durante 2026, con un enfoque centrado en la personalización, el uso estratégico de la inteligencia artificial y la medición del impacto real de la formación en el negocio.
Formación personalizada para combatir el FOBO
El llamado FOBO (fear of becoming obsolete), o miedo a quedarse profesionalmente obsoleto, se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los empleados, impulsado por la aceleración tecnológica y los nuevos modelos de trabajo. Frente a este fenómeno, las organizaciones están apostando por itinerarios formativos personalizados que se adaptan al punto de partida, al ritmo y a los intereses de cada profesional.
Este tipo de enfoques refuerzan la autonomía y el compromiso del empleado, al tiempo que garantizan la alineación entre el desarrollo individual y las necesidades estratégicas de la empresa. La formación deja así de ser un proceso uniforme para convertirse en un activo clave de fidelización y activación del talento interno.
La inteligencia artificial como motor del aprendizaje adaptativo
La inteligencia artificial está desempeñando un papel cada vez más relevante en las estrategias de upskilling y reskilling. Su capacidad para analizar datos relacionados con el desempeño, los roles profesionales y las necesidades futuras permite anticipar brechas de talento y priorizar el desarrollo de competencias críticas.
Además, la IA facilita la integración del aprendizaje en el flujo de trabajo, ofreciendo el contenido adecuado en el momento preciso. Este enfoque favorece modelos formativos más ágiles, relevantes y orientados a resultados, y refuerza la toma de decisiones basada en datos en el ámbito de la gestión del talento.
Del volumen de formación al impacto medible
Otra de las tendencias clave es el cambio en los indicadores de éxito de la formación corporativa. Más allá de las horas de formación o los cursos completados, las organizaciones comienzan a evaluar el aprendizaje por su contribución real a los objetivos estratégicos, la aplicación práctica de los conocimientos y el impacto en el desempeño diario.
La adopción de métricas vinculadas al compromiso, la utilidad y la transferencia de habilidades permite una visión más clara del retorno de la inversión en formación y consolida el aprendizaje como un motor de innovación y crecimiento sostenible.
Aprendizaje colectivo y cultura de experimentación
Integrar el aprendizaje continuo en la cultura organizativa requiere promover espacios de colaboración y experimentación. Mentorías inversas, proyectos transversales y dinámicas intergeneracionales facilitan la circulación del conocimiento y su aplicación práctica, fortaleciendo la resiliencia y la cohesión de los equipos.
Estas prácticas contribuyen a transformar el FOBO y las brechas de competencias en curiosidad, creatividad y capacidad de adaptación, elementos clave para afrontar los cambios futuros del mercado laboral.
Para Iván López, Global VP Corporate Sales de Odilo, “en un entorno donde las habilidades caducan rápidamente, la capacidad de aprender de forma continua, personalizada y con impacto real en el negocio se convierte en el principal factor diferencial”. Según el directivo, la adopción de la inteligencia artificial permitirá evolucionar hacia “ecosistemas vivos de aprendizaje, capaces de adaptarse al ritmo del negocio y de las personas”.
