La propuesta de incremento del Salario Mínimo Interprofesional (SMI) ha reabierto el debate sobre las políticas retributivas en las empresas españolas. Sin embargo, más allá del salario, los datos apuntan a un cambio estructural en las prioridades del talento: la flexibilidad horaria, los modelos híbridos y las medidas de conciliación ganan peso como factores decisivos en la atracción y retención de profesionales.
Así lo revela el Estudio de Hábitos Laborales elaborado por Protime, que pone de manifiesto una evolución clara en la propuesta de valor al empleado. En un contexto marcado por el aumento de los costes laborales y una mayor presión regulatoria, las compañías se ven obligadas a ampliar el foco y reforzar los beneficios no monetarios como palancas de compromiso y satisfacción.
El informe indica que casi seis de cada diez trabajadores prefieren un modelo de trabajo híbrido que combine presencialidad y teletrabajo. Entre ellos, el 58% se decanta por una fórmula estable de tres días en la oficina y dos en remoto, lo que refleja una demanda creciente de flexibilidad estructurada y previsible en el tiempo.
Este cambio de expectativas se produce en paralelo a una percepción limitada de reconocimiento salarial. Solo el 46,2% de los empleados afirma sentirse valorado económicamente en su empresa.
El tiempo, en el centro del compromiso laboral
Según el estudio, el 74,2% de los trabajadores considera que las medidas actuales de conciliación son insuficientes o mejorables. Esta percepción es más acusada entre las mujeres y entre los empleados con menor nivel formativo, perfiles que suelen ocupar puestos con menor margen de flexibilidad horaria. A esta insatisfacción se suma una elevada carga de trabajo. Cerca de seis de cada diez asalariados reconocen realizar horas extra, una práctica que no siempre va acompañada de una compensación económica o de una mayor percepción de reconocimiento. Pese a la implantación de sistemas de control horario en muchas empresas, la falta de homogeneidad dificulta una medición real del tiempo trabajado, con impacto directo en el bienestar y el compromiso de las plantillas.
En este contexto, Óscar Bermejo, CTO Spain de Protime, señala que “la subida del SMI está obligando a muchas empresas a replantear su propuesta de valor al empleado. El salario sigue siendo importante, pero cada vez más trabajadores valoran elementos como la flexibilidad horaria o la capacidad de conciliar, que se han convertido en auténticos factores de compromiso”.
Nuevas prioridades y brecha generacional
Las diferencias generacionales marcan también nuevas formas de entender el trabajo. Los profesionales más jóvenes, especialmente los de entre 25 y 34 años, muestran una mayor sensibilidad hacia la flexibilidad horaria, la posibilidad de reducir o concentrar la jornada y la ampliación de los permisos parentales.
De hecho, el 98% de los encuestados considera necesario o muy necesario ampliar los permisos parentales retribuidos como vía para mejorar la conciliación familiar, lo que refuerza el papel de las políticas de tiempo como elemento central de la denominada retribución emocional.
En paralelo, el 86,6% de los trabajadores cree que tecnologías como la inteligencia artificial y la automatización tendrán un impacto muy positivo en su puesto de trabajo, no solo por la mejora de la eficiencia, sino también por su capacidad para aportar mayor transparencia y facilitar una gestión más equilibrada del tiempo de trabajo.
