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05 Nov 2026
Bienestar
05 Nov 2026

El liderazgo evoluciona hacia modelos basados en la confianza y la autonomía de los equipos

"La confianza debe ser el punto de partida y es la empresa la que tiene que dar el primer paso. No podemos pedir a las personas que confíen en la organización si antes no les demostramos que confiamos en ellas"

El modelo de liderazgo basado en la supervisión continua y la concentración de decisiones está perdiendo peso en las organizaciones. La necesidad de ganar agilidad, impulsar el desarrollo de las personas y adaptarse a nuevas formas de trabajar está llevando a las empresas a revisar sus estructuras jerárquicas y apostar por una gestión de equipos que concede mayor protagonismo a la confianza, la autonomía y la responsabilidad individual.

En este contexto, el papel de los managers también está cambiando. Más allá de controlar tareas y validar decisiones, sus funciones se orientan cada vez más a establecer prioridades, ofrecer orientación, eliminar obstáculos y facilitar que los profesionales puedan desarrollar su trabajo con mayor independencia.

A partir de esta transformación, Arup, firma global de desarrollo sostenible, identifica tres tendencias que están redefiniendo el liderazgo y la gestión de personas en las organizaciones.

Uno de los principales cambios afecta a la relación entre los responsables y sus equipos. Frente a los modelos basados en la supervisión y las validaciones constantes, las organizaciones comienzan a apostar por culturas en las que la confianza en el criterio y las capacidades profesionales de los empleados se establece desde el inicio.

Este planteamiento implica que la empresa debe dar el primer paso y demostrar su confianza en las personas, ofreciéndoles autonomía para desarrollar sus funciones y tomar decisiones. A cambio, los profesionales asumen la responsabilidad de responder a esa confianza con compromiso y rigor.

Más confianza y autonomía en la gestión de equipos

Este modelo no supone renunciar a la exigencia ni a la rendición de cuentas, sino modificar la manera de ejercer el liderazgo. El manager deja de centrarse en supervisar cada tarea para asumir un papel más vinculado al acompañamiento, la definición de objetivos y la resolución de obstáculos.

La transformación también alcanza al desarrollo profesional. La flexibilidad comienza a trascender los horarios y los espacios de trabajo para aplicarse a las propias trayectorias laborales. Las carreras dejan de concebirse como recorridos lineales, con etapas y ritmos comunes, para dar cabida a diferentes aspiraciones y circunstancias.

Mientras algunos profesionales buscan asumir nuevas responsabilidades, otros pueden priorizar la consolidación de conocimientos, explorar movimientos horizontales o adaptar temporalmente sus objetivos a sus necesidades personales.

Esta diversidad exige que las áreas de Recursos Humanos y los responsables de equipo comprendan mejor las expectativas y el momento profesional de cada empleado, diseñando oportunidades de crecimiento más flexibles y adaptadas a diferentes modelos de carrera.

Por último, la evolución del liderazgo también implica una distribución más amplia de las responsabilidades y la toma de decisiones. La capacidad para aportar criterio, impulsar iniciativas y asumir determinadas decisiones deja de estar vinculada exclusivamente a la posición que ocupa cada profesional en el organigrama.

Aunque los managers siguen siendo responsables de establecer prioridades y objetivos, una parte fundamental de su función consiste ahora en crear las condiciones necesarias para que los equipos puedan asumir responsabilidades y actuar con mayor autonomía. De este modo, las decisiones se acercan a las personas que trabajan directamente en los proyectos, reduciendo la necesidad de elevar continuamente cada cuestión a niveles superiores de la organización.

“La confianza debe ser el punto de partida y es la empresa la que tiene que dar el primer paso. No podemos pedir a las personas que confíen en la organización si antes no les demostramos que confiamos en ellas. Esto no elimina la exigencia ni la responsabilidad, pero sí cambia la forma de liderar: el manager pasa de controlar a dar contexto, acompañar y facilitar que las personas puedan tomar decisiones", explica Jorge Viejo, Responsable de People de Arup. "La flexibilidad no puede limitarse al horario o al lugar de trabajo; también debe aplicarse al desarrollo profesional, adaptándose a los objetivos y al momento de cada persona”, señala.