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01 Sep 2026
Bienestar
01 Sep 2026

Work blues: cuando la ansiedad por volver al trabajo ya no se limita al verano

"Cuando volvemos a un entorno con elevadas demandas, interrupciones constantes o escasos recursos para afrontarlas, nuestra mente interpreta ese cambio como un incremento del esfuerzo que va a tener que realizar"

La vuelta al trabajo después de las vacaciones de verano suele asociarse al conocido síndrome postvacacional. Sin embargo, la sensación de agotamiento, desmotivación o ansiedad tras un periodo de descanso comienza a extenderse más allá de septiembre. El fenómeno, denominado work blues, puede aparecer también después de un fin de semana o de unos pocos días de desconexión y, según Hays, refleja un problema que va más allá de la propia reincorporación. El origen del malestar estaría en el contraste entre un periodo de descanso y la vuelta a un entorno laboral marcado por elevadas exigencias.

"El Work Blues nos recuerda que el bienestar no se construye durante las vacaciones, sino en el día a día. La experiencia del empleado depende de muchos factores: el liderazgo, la carga de trabajo, la autonomía o la flexibilidad. Cuando esos elementos fallan, unos días de descanso difícilmente compensan el desgaste acumulado", afirma Fernando Calvo, Director de People & Culture de Hays para el Sur y Oeste de Europa.

Desde esta perspectiva, el reto para las empresas no pasa únicamente por facilitar la desconexión durante las vacaciones, sino por construir entornos de trabajo sostenibles que permitan cuidar el bienestar de los profesionales durante todo el año.

El problema no es volver al trabajo, sino el desgaste acumulado

Desde un punto de vista psicológico, Isabel Aranda, doctora en Psicología y experta en Psicología del Trabajo, sitúa el origen del work blues en la diferencia entre la autonomía y el descanso experimentados durante un periodo de desconexión y la vuelta a un entorno con elevadas demandas. Para Fernando Calvo, "la vuelta al trabajo no suele generar malestar por el hecho de regresar en sí, sino porque desaparece un periodo en el que hemos tenido autonomía, descanso y sensación de control sobre nuestro tiempo. Cuando volvemos a un entorno con elevadas demandas, interrupciones constantes o escasos recursos para afrontarlas, nuestra mente interpreta ese cambio como un incremento del esfuerzo que va a tener que realizar".

El problema se intensifica cuando las vacaciones o los días de descanso no han sido suficientes para recuperar los recursos psicológicos agotados antes de la desconexión. Según el modelo Job Demands-Resources, el nivel de energía con el que un profesional se reincorpora depende, en buena medida, del desgaste acumulado, de su necesidad de recuperación y del apoyo que percibe por parte de la organización. Experimentar cierta resistencia o falta de motivación durante los primeros días de la vuelta a la rutina puede entrar dentro de la normalidad. Sin embargo, cuando estas sensaciones se repiten de forma recurrente, pueden convertirse en una señal de alerta.

Entre los síntomas asociados a un posible desgaste se encuentran el cansancio persistente que no mejora con el descanso, la apatía, la irritabilidad, la dificultad para concentrarse, la pérdida de rendimiento o los pensamientos frecuentes de abandonar el puesto de trabajo.

El bienestar, una cuestión estratégica para fidelizar el talento

Para las organizaciones, este escenario plantea un reto que conecta directamente con la gestión y fidelización del talento. El 35% de las empresas reconoce que la elevada carga de trabajo o el burnout constituye uno de los principales obstáculos para retener a sus profesionales.

El impacto del desgaste también puede trasladarse a la intención de cambio. Según la Guía del Mercado Laboral de Hays, el 69% de los profesionales en España prevé cambiar de empleo durante 2026. "Durante mucho tiempo hemos pensado que el bienestar dependía de ofrecer más medidas o más beneficios, pero la realidad es que empieza en algo mucho más cotidiano: cómo se organiza el trabajo, cómo lideran los equipos y cómo se sienten las personas cada día. Ahí es donde las empresas pueden marcar la diferencia”, explica Calvo.

En este contexto, Hays plantea la necesidad de abordar el bienestar desde una perspectiva preventiva. El liderazgo cercano, unas cargas de trabajo sostenibles, una mayor flexibilidad y la existencia de espacios reales de recuperación aparecen como algunos de los elementos que pueden contribuir a reducir el desgaste emocional y reforzar el compromiso de los equipos.

La dificultad para desconectar del trabajo también condiciona la capacidad de recuperación de los profesionales. El 41% asegura que le resulta complicado hacerlo debido a la cultura de la urgencia, mientras que un 23% señala los mensajes recibidos fuera del horario laboral como uno de los principales obstáculos para conseguir una desconexión real, según datos de Hays.

La hiperconectividad, la presión por los resultados y la desaparición progresiva de los límites entre la vida personal y profesional hacen que el descanso no siempre implique una recuperación completa. A esta situación se suma, tras la vuelta al trabajo, un modelo de jornada marcado por agendas fragmentadas, reuniones constantes, multitarea y cambios continuos de prioridades. Un contexto que puede dificultar la desconexión mental incluso después de finalizar la jornada.

"Las vacaciones alivian el cansancio, pero no solucionan un entorno laboral que genera agotamiento de forma continua. Aunque realmente no existe una fórmula mágica para evitar por completo desgaste, sí que hay algo claro: cuando las personas trabajan en un entorno donde se sienten escuchadas, tienen autonomía y unas expectativas realistas, es mucho más fácil que mantengan la motivación y el compromiso a lo largo del tiempo", apunta Calvo.